Hay reformas que no nacen de un gran cambio de vida, sino de algo más sencillo: cansarse de convivir cada día con un espacio que ya no acompaña. Eso era el baño de Mónica — funcional, sí, pero anticuado, y con una distribución que le quitaba más de lo que le daba.
Nos encontró buscando en internet un estudio que entendiera bien lo que necesitaba, y la confianza se construyó ya en la primera conversación, cuando hablamos abiertamente de una de sus dudas: ¿y si quitar el bidé era un error? Es algo que le pasa a mucha gente — cuesta imaginar el baño sin él hasta que se ve el espacio que realmente se gana.
Ese fue, de hecho, el reto real del proyecto: no se trataba solo de renovar acabados, sino de sacar el máximo partido a cada metro disponible sin perder funcionalidad. Retiramos el bidé y sustituimos la bañera por un plato de ducha con mampara a medida, ganando una zona de aseo mucho más amplia y luminosa. Ese espacio recuperado permitió ampliar el mueble de baño —en madera de barco, con doble seno— y, aprovechando la pared tras la puerta de acceso, creamos unas estanterías de obra a medida que suman almacenaje sin robar ni un metro al conjunto.
Y como suele pasar, lo que más le costaba soltar es hoy lo que más valora: un baño que por fin se siente amplio y en orden.
¿Tu baño también pide un cambio?